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Sánchez, de incierto futuro a salvador del PSOE

La batalla por el poder hace saltar por los aires las barreras éticas y los compromisos responsables. Si Pedro Sánchez es ahora mismo un político de incierto futuro, en unos días puede ser el líder ungido para la salvación del PSOE al frente de un Gobierno de coalición apoyado por Podemos que cada día que pasa desdibuja su “línea roja” del derecho a decidir. Semejante muestra de oportunismo no debiera escandalizarnos, pues forma parte de la genética de quienes saben columpiarse en la cuerda floja que separa el beneficio personal del interés general de los españoles.

En estos días nos encontramos con declaraciones de los barones del PSOE, muy sonoras en boca de Guillermo Fernández Vara y Emiliano García Page, y algunos otros, advirtiendo a Pedro Sánchez sobre las famosas “líneas rojas” que no debe traspasar en su obsesión de formar una mayoría que pueda apoyar su investidura como Presidente del Gobierno.

Le avisan de que tiene derecho a intentarlo, pero no a cualquier precio. Porque, según las encuestas, ese precio lo pagaría en primer lugar el PSOE que perdería más votos a favor de los grupos radicales de izquierdas.

También la Presidenta de la Junta de Andalucía se despachó a su manera con una rotunda negación: “no, no y no”. Y recuerda a Pedro Sánchez su obligación de respetar los límites que le señaló el Comité Federal de no pactar con quienes propugnan el derecho a decidir o amenazan la unidad de España.

Para los españoles más confiados estas declaraciones significan un hilo de esperanza que tranquiliza a quienes ven al PSOE muy próximo a romper su compromiso con la integridad territorial de España.

¿Hay quien crea que las afirmaciones de los mencionados dirigentes socialistas se mantendrán firmes para intentar impedir un Gobierno apoyado por el PSOE, Podemos, IU, PNV, ERC o CDC? No parece que haya mucho tonto vocacional que se trague semejante bola.

La cuestión es más compleja. Ahora mismo se dan las circunstancias para un tira y afloja que debilite, aún más, el liderazgo de Pedro Sánchez. En esta dinámica, Susana Díaz sería la candidata alternativa a disputar a Sánchez la Secretaría General del PSOE, y apoyos no le faltan.

Para muchos analistas, el tiempo transcurre a favor de Sánchez que juega sus cartas con habilidad. Si logra conformar una mayoría incluyendo a Podemos, solo sería cuestión de maquillaje lingüístico “reinterpretar” el llamado derecho a decidir, que es el escollo que ralentiza las negociaciones.

Podemos ya ha suavizado esta condición para llegar a un acuerdo de investidura… el marketing político y la propaganda tan hábilmente manejados por Iglesias y Errejón harán lo demás.

De prosperar esta negociación a cinco bandas, Pedro Sánchez encontraría la única vía de salvar su carrera política, y Susana Díaz, García Page, Fernández Vara y los otros, no tendrían suficiente cuajo político para enfrentarse a la posibilidad de que el PSOE vuelva a gobernar en España. Y, finalmente, todos acudirían al pastel cuando esté horneado y bien dorado.

Será por ello que en los últimos días Susana Díaz ha mantenido un “prudente silencio” y los demás aflojan en sus condiciones. Ya se sabe, cuando hay pastel, todo sabe mejor y se alegra el espíritu según una vieja premisa de la política española.

La batalla por el poder hace saltar por los aires las barreras éticas y los compromisos responsables. Si Pedro Sánchez es ahora mismo un político de incierto futuro, en unos días puede ser el líder ungido para la salvación del PSOE frente a las asechanzas que amenazan el futuro del socialismo español.

Semejante muestra de oportunismo no debiera escandalizarnos, pues forma parte de la genética de quienes saben columpiarse en la cuerda floja que separa el beneficio personal del interés general de los españoles.

De triunfar la complicada iniciativa de Sánchez, la más afectada sería Susana Díaz por un exceso de locuacidad que marca su actividad pública con un toque netamente argentino entre el populismo y la grandilocuencia. El pasito adelante y el pasito atrás no favorecen las pretensiones de la Presidenta andaluza, tan abrazada a “la indivisible unidad de España” que emociona a votantes del PP de toda la vida.

Ya no tiene demasiado tiempo para dar forma a sus pretensiones, si efectivamente las tuviera. El Comité Federal se reunirá para valorar el resultado de las negociaciones de Pedro Sánchez, será la última ocasión para que los barones frenen en seco la deriva del Secretario General, lo que forzosamente nos acercaría a nuevas elecciones generales.

Una vocecita susurra: ¡plato, cuchara y a por el pastel! Se admiten apuestas.
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