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Se busca político de talla para salvar España

Apreciado lector, ¿conoce usted a algún político con visión de Estado que sea capaz de lograr, con una propuesta ilusionante y sinceraa favor de una España unida y fuerte, el apoyo mayoritario de los españoles para evitar la hecatombe que representa para una de las naciones más antiguas del mundo la independencia de Cataluña? Si es así, comuníquenoslo.

¿Qué nos hace tan diferentes de franceses, alemanes, ingleses, italianos, holandeses, belgas, noruegos, suecos… que bajo las fórmulas de repúblicas federales o monarquías parlamentarias no se les pasa por la cabeza dividir sus países? ¿Conciben ustedes una Francia dividida entre bretones, corsos y aquitanos?, y lo mismo en Alemania o Reino Unido.No, verdad.

Pues el nuevo Presidente de la Generalitat de Cataluña ha tardado “cero punto” en lanzar sus primeras amenazas. En tono arrogante proclama al grito de “Viva Cataluña libre” que no obedecerá las sentencias del Tribunal Constitucional.

Llamo inmediatamente a un catalán sin complejos de españolidad y le pregunto: ¿qué te ha parecido el estreno de Puigdemont? Una vergüenza, me contesta. “Si fuera el vecino del cuarto izquierda sería cosa de decirle algo en el rellano del ascensor. Pero el President de la Generalitat se ampara, precisamente, en la Constitución española, en el Estado de Derecho y en la buena educación del prójimo. Ignora que la Carta Magna dio forma al Estado de la Autonomías”.

Me quedo con esta tajante repuesta desde Barcelona. Lo cierto es que estos arrogantes políticos independentistas han dado otro paso adelante y no parece que pueda frenarles el respeto a la legalidad democrática. Más bien al contrario, se aprovechan de las estructuras políticas y administrativas para proclamar la República Catalana quebrantando siglos deconvivencia entre catalanes y españoles.

Hay un espíritu primitivo e irracional en este propósito de separatistas y anticapitalistas. Tratan de reeditar en el siglo XXI los fracasos históricos del siglo XX.Quieren imponer una forma de totalitarismo excluyente que amenaza lo que somos, lo que constituye nuestro patrimonio histórico y nuestros sentimientos arraigados en la convivencia de siglos. Las consecuencias serán demoledoras para Cataluña y para España.

Hay que reconocerles a todos ellos que no ocultan su objetivo, que están unidos para conseguirlo y que lo defienden públicamente con orgullo. Es el síndrome de todos los fundamentalistas. De todos los totalitarismos. Con igual arrogancia y similar soberbia se expresaban Hitler, Mussolini, Stalin y Hugo Chávez.

Y así las cosas, el Presidente del Gobierno en funcionesafronta la crisis más grave de 40 años de democracia con voz campanuda.Mariano Rajoy advierte por enésima vez sobre el artículo 155 de la Constitución con el mantra de “no voy a pasar una”, pero ya ha corrido demasiada agua bajo el puente y el caudal se presenta atronador e imparable.

Ya no hay modo de soslayar la extrema gravedad de la insurrección en Cataluña. Sería temerario que Rajoy y los “enanitos meones” que le acompañan en la dirección del PP pudieran abundar en el disimulo con la sonrisa congelada.

Si hubiera algún despistado votante del PP que ha depositado su confianza en que estos políticos del miedo y el medro personal darán adecuada respuesta a los insurrectos, es que no conoce la inabarcable inutilidad de los necios.

Mi amigo catalán españolista me plantea la cuestión esencial: “¿ha aplicado el Estado español toda la contundencia de que dispone para haber frenado esta amenaza y defender el orden constitucional y democrático?

Él y yo nos respondemos que hace 38 años votamos una Constitución creyendo que serviría de fortaleza inexpugnable y que el incumplimiento de la legalidad democrática sería sancionado según las normas del Estado de Derecho. Pero vemos que en Cataluña no ha sido así.

Los políticos insurrectos avanzan sin pausa, día a día, año tras año hacia su objetivo. Ahora el objetivo estámuy cerca según el Presidente Puigdemont, “en 30 días habrá instituciones de la República de Cataluña y nos habremos desconectado de España”.

¿Qué nos hace tan diferentes de franceses, alemanes, ingleses, italianos, holandeses, belgas, noruegos, suecos… que bajo las fórmulas de repúblicas federales o monarquías parlamentarias no se les pasa por la cabeza dividir sus países? ¿Conciben ustedes una Francia dividida entre bretones, corsos, aquitanos?

La impunidad campa por sus respetos y muestra la cobardía que corre por las venas de nuestros dirigentes políticos que asisten paralizados a esta lenta agonía. Una de las naciones más antiguas de mundo está a punto de saltar por los aires.

Como les decía al principio, si ustedes conocen a un político con la suficiente visión de Estado, que logre con una propuesta ilusionante y sincera a favor de una España unida y fuerte,el apoyo mayoritario de los españoles, comuníquenoslo. Y que sea la propia sociedad quien mueva a nuestros inanes y acobardados políticos.
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