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El “Califa” Al-Baghdadi se cree el Mahdi, o enviado de Alá, con la misión de destruir el Vaticano y la Meca

Para el “Califa” Abu Bakr al-Baghdadi atacar el Vaticano y La Meca son objetivos irrenunciables, en su idea mesiánica de que el triunfo solo será posible cuando los cruzados y los musulmanes idólatras sean extirpados de la faz de la tierra. El líder del Estado Islámico cree que Alá le ha elegido Madhi o enviado con la “misión divina” de emprender la batalla final del Islam.

La oposición feroz del Estado Islámico contra El Vaticano primero, y contra La Meca saudí después, es irrenunciable y será muy sangrienta, afirman a MIL21 fuentes de inteligencia árabes conocedoras del fenómeno islamista. La declaración de Año Santo o Jubileo por el Papa Francisco es considerado por el “Califa” Al-Baghdadi un desafío.

El ascenso fulgurante del Daesh, cuyas terribles consecuencias hemos visto en París y Bamako (Mali) con apenas una semana de diferencia, ha sido la combinación del apoyo militar y financiero que recibió en su origen de Occidente y de los magnates árabes del petróleo, junto con el poder de atracción que ha suscitado en todo el orbe musulmán el surgimiento de un nuevo Califato.
Los seguidores de Al-Baghdadi profesan la idea mesiánica de que el triunfo del Estado Islámico será posible cuando los cruzados y los traidores al Islam sean extirpados de la faz de la tierra


La identificación del Vaticano y de la Kaaba (la piedra negra) de La Meca, como “objetivos a destruir” material y simbólicamente, obedece a la idea mesiánica que predican los seguidores de este misterioso personaje según la cual el triunfo del Estado Islámico mundial sólo será posible cuando los enemigos de Alá, los cruzados y los seguidores musulmanes de la idolatría “que se postran ante una piedra” sean extirpados de la faz de la tierra.

Al-Baghdadi tiene un oscuro pasado hasta llegar a la cúspide del Estado Islámico. Fuentes de inteligencia árabes señalan que en los inicios del Daesh fue apoyado por la inteligencia estadounidense e israelí que le entrenaron hasta que, al parecer, tomó vuelo propio y se convirtió en un elemento incontrolable.

Batalla final del Islam

Atacar La Meca y Roma es, según la lógica del líder del Estado Islámico, un objetivo estratégico irrenunciable. El “estado de alerta máxima” decretado por el Gobierno italiano ante la celebración del Año Santo o Jubileo por el Vaticano, obedece a esta convicción. Para los takfiristas del nuevo Califato la destrucción de ambos lugares sagrados forma parte de la batalla final del Islam contra el resto del mundo, apuntan las fuentes citadas.

La esencia misma del llamado Estado Islámico se basa en el mesianismo revolucionario que pretende acabar con la sumisión de los creyentes a los cruzados (cristianos), ateos (descreídos) y renegados (traidores al Islam original).

Los seguidores de Al-Baghdadíse consideran takfiristas, combatientes de la Yihad mundial que pretende purgar el Islam de los traidores y erigir en su lugar un Califato universal. El líder del Daesh, como su antecesor Abu Musab Al-Zarqawi, es un convencido takfirista, y cree que Alá le ha elegido como Mahdi con la “misión divina” de dirigir la batalla final en la tierra.

Los seguidores de Al-Baghdadí se consideran takfiristas que pretenden purgar el Islam de traidores y erigir un Califato universal

El reclutamiento de miles de jóvenes, hombres y mujeres es posible por el poder de atracción del Estado Islámico, que subyuga a un número creciente de musulmanes de todo el mundo que aspiran a convertirse en guerreros del Ejército del Islam dirigidos por el Mahdi.

Mesianismo apocalíptico

Este mesianismo apocalíptico ocupa un lugar central en todas las corrientes del pensamiento islámico desde Asia central hasta el África subsahariana, pasando por el mundo árabe desde el Machrek (Oriente) al Magreb (Occidente).

Tanto los países occidentales como los regímenes árabes monárquicos o republicanos, liberales o conservadores, se equivocan en minimizar el fenómeno, calificando las hordas de Al-Baghdadí como simples terroristas, locos o drogadictos, subrayan las citadas fuentes de inteligencia.
Occidente se equivoca al minimizar el fenómeno yihadista y calificar a las hordas de Al-Baghdadi como simples terroristas

La raíz es mucho más profunda, y el combate más complejo y diversificado. El Daesh utiliza con habilidad los símbolos históricos del mahdismo, del mesianismo revolucionario, tal como su propaganda difundida por las redes sociales y el ciberespacio lo atestigua: un nuevo califato, vestimentas tradicionales, el sable y el turbante, la daga asesina con la que degüellan a los rehenes, las banderas negras y sus falanges militarizadas.

Juran fidelidad al “Califa”

El líder del Estado Islámico cree encarnar un nuevo Prometeo, que imitará las gloriosas epopeyas de los compañeros del Profeta Mahoma, y cuyo triunfo harán de él la encarnación del Mahdi: soberano de la justicia y el derecho que precederá al Juicio final.

Su violenta irrupción en el escenario bélico medio-oriental y la ola de atentados terroristas que pretende desatar en todo el mundo, siguiendo la barbarie cometida en París, no hacen sino reforzar su figura como “salvador”, Al-Faruq, título mítico que se atribuye al segundo califa Umar bin al-Jattab, amigo y compañero de luchas de Mahoma.

Los arrebatos místicos que genera el nuevo movimiento mesiánico revolucionario atraen a sus filas a centenares de candidatos al martirio, denominados “suicidas” en Occidente, pero autoproclamados “Chahid” en su jerga.

Desde Nigeria a Somalia, desde el Sahel a Siria, otros movimientos terroristas yihadistas de las wilaayat o provincias del Califatono dudan en jurar fidelidad al “Califa” Al-Baghdadí: Boko Haram, Al-Shabaab, Al-Murabitún, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y Al Maqdissi, entre los más señalados.
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