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La “avalancha apocalíptica”, con un millar de muertos en La Meca, alarma a los servicios secretos saudíes, convencidos de un plan para desestabilizar al rey Salman

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La hecatombe ocurrida en La Meca con un millar de muertos ha puesto en evidencia la incapacidad del régimen saudí para prevenir este tipo de catástrofes y, en consecuencia, hacer frente a maniobras desestabilizadoras que pretenden acabar con el reino de la dinastía Al Saud.

La avalancha de La Meca con 717 muertos según la información oficial que fuentes oficiosas elevan a 1.300, guarda un sospechoso parecido con la acaecida en 1990 en la que murieron 1.426 fieles también en el transcurso de la peregrinación.

Se produjo un mes antes de la Guerra del Golfo durante la cual una alianza internacional liderada por Estados Unidos y con la participación de la mayoría de países árabes, incluida Arabia Saudí, trató de derrocar a Saddam Hussein y acabar con el régimen republicano de Iraq que defendía un expansionismo nacionalista de signo antimperialista. Las conclusiones de las investigaciones sobre la estampida de 1990 nunca fueron hechas públicas.
La avalancha se produjo a pocos días del “rayo divino” atribuido a una venganza del clan bin Laden


Desde tiempos inmemoriales pero más particularmente desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el estudio de las avalanchas forma parte de las asignaturas obligadas por las Academias de los servicios secretos de todo el mundo, tanto para su prevención como para su manipulación.

Los grandes movimientos humanos generados por el pánico son un instrumento privilegiado de la guerra. A menudo los aplastamientos por avalancha de multitudes generan crisis políticas o son detonantes de conflictos bélicos.

Tres hipótesis sobre la avalancha


Los servicios de inteligencia saudíes y de otros países árabes manejan varias hipótesis sobre los orígenes y la finalidad de la reciente “avalancha apocalíptica” en Mina, en los alrededores de La Meca.

En primer lugar, visto el elevado número de muertos y la cercanía en el tiempo con el desplome de la grúa por “el rayo divino”, la hipótesis de un acto premeditado cobra vigor:o bien la avalancha forma parte de las luchas internas dinásticas en el Reino wahabita, o es una operación para desestabilizar Arabia Saudí.

Se atribuye la estampida a luchas internas entre los príncipes herederos del rey Salman
En segundo lugar, no se descarta que un grupo de peregrinos yemenitas o bareiníes (Arabia Saudí intervino militarmente junto a los Emiratos Árabes Unidos en contra de la revuelta popular en Baréin, en febrero de 2011, para salvar la monarquía del clan Al Jalifa) hayan sido los promotores de la mortal avalancha.

Como tercer escenario se baraja la posibilidad de que terroristas suicidas pertenecientes a grupos vinculados a Al Qaeda o al Estado Islámico -en particular la primera ha declarado la Guerra Santa en contra del clan Saudal que tacha de enemigo del Islam- hayan provocado la estampida.

Convoy real entre la multitud


En relación con la hipótesis de que la “estampida apocalíptica” sea una consecuencia de las luchas internas en el seno de la familia real saudí, se da la circunstancia de que el detonante de la avalancha humana fue la irrupción en escena del convoy del hijo del rey saudí y segundo príncipe heredero, Mohammed bin Salman Al Saud.

El número dos en la sucesión al trono y actual ministro de Defensa, considerado un “halcón”, es el verdadero hombre fuerte del país. Fuentes diplomáticas árabes aseguran que sus aspiraciones crecen ante la fragilidad de la salud mental del rey Salman.

Fuentes de inteligencia no pasan por alto que la incontrolable avalancha se produjo en el preciso momento que el príncipe sucesor al trono se encontraba entre la multitud. En plena avalancha los 400 agentes de seguridad que formaban un cordón alrededor de Mohammed bin Salman consiguieron abrir un pasillo lateral para evacuarle.

El sorpresivo cierre de algunos accesos a la explanada de la Kaaba aumentó el pánico de varias decenas de miles de peregrinos que se encontraban en las cercanías produciendo un aplastamiento multitudinario y la muerte por asfixia.

Irán solicita una “investigación urgente”


El presidente de Irán, Hasán Rouhaní ha solicitado una “investigación urgente” de la tragedia en la que, según la Organización de la Peregrinación de Irán, el número de muertos asciende a 1.300 de los cuales 125 son iraníes, y de la que Teherán hace “responsable” a Arabia Saudí.

Las autoridades de Riad rechazan las acusaciones y alegan que “los peregrinos no siguieron las consignas recomendadas en estos casos”. El rey Salman ha declarado que la investigación será “rápida y transparente”.

Las acusaciones de negligencia lanzadas por Irán a su vecino están teniendo eco en el resto de países musulmanes, incluida la propia Arabia Saudí. Irfan Al Alaui, cofundador de la Fundación para la Investigación sobre la Herencia Islámica con sede en La Meca, ha vuelto a expresarse en contra de la estrategia de Riad de ampliar las instalaciones de los Lugares Santos “sin dar prioridad a la salud y a la seguridad”.

El periódico cairota Al Watan titula “Salman, un rey en un callejón sin salida”, en alusión a las zonas oscuras que envuelven las tragedias en La Meca, y que apuntan a ajustes de cuentas internos y a maniobras desestabilizadoras internacionales.

Castigo divino


Los conservadores de la poderosa Fundación atribuyen a un “castigo divino” la avalancha de Mina, comparándola con la mítica Torre de Babel, recogida en un versículo del Corán.

Según la misma, Dios castigó al rey mesopotámico Nemrod por su ambición de construir una gigantesca torre (la Gran Mezquita) y desafiar a los cielos con la multiplicación de lenguas y la avalancha humana que produjo su desmoronamiento, en alusión a la reciente estampida y al desplome de la grúa sobre la ampliación de la mezquita de La Meca.

En entredicho la gestión de los Lugares Santos del islam por la familia Saud
“Esta tragedia erosiona la legitimidad de los saudíes como guardianes de los dos lugares santos del Islam, La Meca y Medina”, escribe la opositora saudí refugiada en Londres Madawi Al Rasheed.

Lo que vuelve a poner en discusión el monopolio de la familia Al Saud en la gestión de los principios sagrados del Islam seguidos por 1.300 millones de fieles en todo el mundo. Y plantea la necesidad de una “gestión consensuada” en la que participen el resto de países y organizaciones islámicas.

Twittero mujtahidd


El famoso twittero saudí conocido por el sobrenombre de “mujtahidd”, que saca a la luz las intrigas palaciegas entre los príncipes que se disputan el poder, insiste en que la “estampida apocalíptica” forma parte de “las divisiones en el seno de la familia reinante”.

Los dos candidatos al trono mantienen un duelo, asegura el twittero: Mohamed binNayef, príncipe heredero y ministro del Interior, y Mohamed bin Salman, segundo heredero y ministro de la Defensa.

La guerra saudí en contra de la insurrección popular en Yemen ha permitido crear “una unión sagrada” dentro de la familia Al Saud, pero las consecuencias del acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán y las sucesivas hecatombes en La Meca vuelven a poner la rivalidad interna en primer plano. Algo que los servicios de inteligencia árabes, incluidos los propios saudíes, vinculan a un complot internacional en contra del Reino wahabita.
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