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El desapego ciudadano a nuestra clase política
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El desapego ciudadano a nuestra clase política

En cuarenta años de democracia muchos de nuestros políticos han logrado algo que parecía que sólo se vivía en repúblicas bananeras y regímenes totalmente corruptos, como el mejicano, por ejemplo, donde los representantes públicos se dedican a enriquecerse, exclusivamente. Luego, esos políticos, o los amigos de esos políticos, o los socios de esos políticos, llegan a nuestro país, España, con las maletas cargadas de dólares robados a una población empobrecida y montan cadenas de restaurantes en toda la geografía, claro.

Nuestros políticos, parece, si les dejaran acabarían como el PRI mejicano, donde todos roban. Donde todo son comisiones de empresas que venden caro porque la mordida que tienen que pagar es muy elevada. Aquí desde el 82 que llegaron los socialistas y tarifaron la corrupción, empezando en Andalucía, han pasado muchos años y cada día nos madrugamos con nuevos casos de nuestros representantes que nos aproximan, si los jueces no lo evitan, al PRI mejicano.

Hoy se habla de la Púnica, ayer fue de Filesa, y en Andalucía es permanente la gota china. La gota que no cesa: cursos de formación fraudulenta, concesiones mineras a amigos del partido, consejeros y políticos imputados y, claro, con inmunidad parlamentaria para dilatar más los procedimientos en unos tribunales especiales cuyos miembros, cuyos jueces, se las tientan muy mucho cuando hay que encausar a un padre de la patria. Porque resulta que es el mismo que le paga la extra, la ayuda para el alquiler mensual de su vivienda. Porque es el mismo que organiza actos, conferencias y le invita previo pago de dietas y demás regalos.

Vamos que si no están vendidos del todo es un milagro. Fue cosa del viejo zorro de Felipe González quien legisló que los procedimiento a la clase política debían tramitarse en el Tribunal Supremo y Tribunales Superiores de Justicia de las diferentes autonomías. Buena jugada, conociendo cómo acceden a esos tribunales sólo los jueces dóciles y amigos del poder, claro.

Cada sondeo del CIS nos ofrece, con datos y cifras reales, el desapego ciudadano a la clase política a la que desprecia cada vez más. Y frases como la del ex alcalde popular de Valdemoro, implicado en la Púnica, Miguel Moreno: "Estoy tocándome los huevos, que para eso me hice diputado, para no dar ni golpe". O informaciones como que la media de días trabajados de nuestros congresistas es de 90 al año y 40 en el Senado, nos provocan salpullidos al resto de los mortales si a ello aclaramos que de media cada uno se gasta cinco mil euros al año en viajes que no tienen que justificar, que tienen ADSL en casa, móvil y tableta pagada por el Congreso, que reciben, aparte de salario, casi dos mil euros mensuales para ayuda de vivienda en Madrid, donde en teoría tienen que trabajar, y mil chollos más...

Desde hace años somos conscientes de que los partidos políticos se han convertido en oficinas de colocación de familiares y amiguetes. Los seguidores del de la coleta, los de Podemos, nos eclipsaron con un discurso rupturista anunciando que estaban en contra de esa casta de políticos y enchufados y cuando sus franquicias han pisado moqueta, en Madrid y Barcelona, idem de idem. Lo primero que ha hecho Ada Colau, con toda la jeta, para dar ejemplo, es contratar a su noviete Adriá Alemany como asesor del ayuntamiento. Y ya circulan por la red los listados de casos similares donde Podemos tiene mando. Imagino que el recorrido de los seguidores de Pablo Iglesias será breve, como breve ha sido su virginidad. ¿Verdad que si?
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