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Aumenta la tensión entre la OTAN y Rusia, que pone a su Ejército en alerta
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Aumenta la tensión entre la OTAN y Rusia, que pone a su Ejército en alerta

El enfrentamiento entre Rusia y la OTAN está llegando este verano a niveles desconocidos desde el final de la Guerra Fría hace un cuarto de siglo. Las continuas maniobras de la Alianza Atlántica en las fronteras rusas han provocado la reacción de Putin, que ha puesto en alerta al Ejército ruso.

El último incidente que ha elevado aún más la tensión ha tenido lugar en el mar Negro con motivo del ejercicio anual “Sea Breeze 2015”, que incluye la presencia del destructor norteamericano “USS Porter”, integrado en el escudo antimisiles balísticos.

Moscú muestra su malestar cada vez que alguno de los cuatro destructores del escudo antimisiles de Estados Unidos desplegados en la base aeronaval hispano-norteamericana de Rota (Cádiz) navega por las aguas del mar Negro.

El dirigente ruso ordenó esta semana poner en estado de alerta dos bases aéreas del Cáucaso cercanas al mar Negro, según informó la agencia oficial Tass, en respuesta a la presencia del destructor “USS Porter” provisto de misiles.

En septiembre del pasado año, otro destructor, el “USS Donald Cook”, integrado igualmente en el escudo antimisiles y con base en Rota, protagonizó un grave incidente al ser sobrevolado varias veces por un avión de combate ruso SU-24 que interfirió el sistema de radares Aegis con los que el buque estadounidense detecta el lanzamiento y la trayectoria de misiles balísticos. El Pentágono presentó una protesta ante el Ministerio de Defensa ruso.

La OTAN mantiene una presencia constante de buques de guerra en el mar Negro desde la adhesión rusa de la península de Crimea, en territorio de Ucrania, en marzo de 2014. Para los servicios de inteligencia aliados este mar se ha convertido en una de las zonas más “sensibles” del pulso militar que mantienen la Alianza Atlántica y Rusia.

Un total de 30 buques procedentes de Bulgaria, Rumania, Turquía, Holanda, Portugal, España y Estados Unidos participan en las maniobras navales “Sea Breeze 2015” que comenzaron en junio y se prolongarán hasta octubre, aunque la fase con mayor despliegue de medios abarca del 3 al 12 de julio.

El ejercicio tiene como objetivo mejorar la coordinación de las diferentes armadas de la OTAN en situación de crisis. El Gobierno de Tsipras no dio permiso para que los buques griegos participaran en los ejercicios con el argumento de que no era oportuna su presencia ante la bancarrota del país.

Despliegue de EE.UU. en Ucrania

En paralelo a las maniobras navales en el mar Negro, el 20 de julio comienzan en la provincia ucraniana de Leópolis, en el oeste del país, los ejercicios “Rapid Trident 2015”, con la presencia de soldados de Estados Unidos, Ucrania y países de la OTAN. Desde que Petro Poroshenko llegó a la Presidencia (junio 2014), Ucrania ha dado luz verde a la presencia ininterrumpida de fuerzas aliadas en su territorio.

El pasado mes de marzo el Parlamento de Kiev aprobó la celebración de tres ejercicios, el ya citado “Rapid Trident 2015”, “Fearless Guardian 2015” y “Sea Breeze 2015”. Es un secreto a voces que el objetivo final de Estados Unidos es integrar a Ucrania en la OTAN y en la Unión Europea.

La OTAN en Georgia

La Alianza Atlántica muestra también una gran actividad en la ex república soviética de Georgia. El miércoles 8 de julio comenzaron en este país los ejercicios “Agile Spirit 2015” en los que, durante dos semanas, participan 200 militares norteamericanos, junto a fuerzas de Georgia, Rumania, Bulgaria, Letonia y Lituania.

La cooperación con la Alianza Atlántica comenzó en 1994, cuando Georgia se incorporó al programa de la OTAN “Asociación en aras de la paz”. Estados Unidos aspira a que Georgia se incorpore a la OTAN como miembro de pleno derecho.

El Ejército ruso, en alerta

Ante el incremento de ejercicios militares de la OTAN con motivo del conflicto de Ucrania y la adhesión rusa de Crimea, Rusia se siente amenazada. Esta situación ha llevado al presidente ruso a mantener la maquinaría militar en permanente estado de alerta. El pasado mes de marzo ordenó poner en “máxima alerta” durante cinco días la Flota del Norte, unidades del Distrito Militar Oeste y las Tropas Aerotransportadas, según informó el titular de Defensa, Serguéi Shoigú.

Oficialmente se argumentó que la alerta era para garantizar la seguridad militar de Rusia en la región del Ártico, el espacio geoestratégico por donde llegaría un hipotético ataque aéreo procedente de Estados Unidos.

Un total de 38.000 militares, 3.000 carros de combate y vehículos blindados, 41 buques, 15 submarinos y 110 aeronaves fueron puestos en pie de guerra. La “máxima alerta” coincidió con importantes ejercicios militares de la OTAN en los países limítrofes con Rusia, como ocurre en estos momentos.

No pasa desapercibido que el aumento de la tensión militar de estas semanas se produce mientras tienen lugar dos hechos importantes en el panorama internacional. De un lado, la difícil situación de Grecia, cuya salida del euro, si finalmente se produce, sería interpretada por Washington como una gran victoria de Putin.

Por otro lado, la celebración de las Cumbres de los países BRICS y de Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) clausuradas este viernes en la ciudad rusa de Ufá por Putin. Ambas organizaciones representan un modelo económico mundial alternativo al liderado por Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El pulso que sostienen las enormes maquinarias militares de la OTAN y Rusiano sería ajeno al nuevo escenario geopolítico que se perfila.
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