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Por qué Mohamed VI combate en Yemen

Por qué Mohamed VI combate en Yemen

Desde que un F-16 de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) fue abatido por un misil tierra-aire en el cielo de Yemen muriendo su piloto Yassine Bahti, la opinión pública marroquí se pregunta qué hace su país participando en una guerra a miles de kilómetros de distancia que no afecta directamente a su soberanía nacional.

En efecto, es la primera vez que Marruecos se encuentra implicado en una guerra interna en un país árabe y musulmán. Hasta ahora sus intervenciones militares han sido dirigidas en tres direcciones: Contra insurrecciones pro-comunistas apoyadas por fuerzas extranjeras, como en Zaire y Angola. En defensa de otro país árabe agredido desde el exterior, ese fue el caso de la primera guerra de Iraq en 1990 para proteger la soberanía de Kuwait. Y en apoyo a “la causa palestina” en las guerras arabo-israelíes de 1967 y 1973.

El rey Mohamed VI, comandante supremo de las FAR, ha tomado en persona la decisión de enviar una fuerza de intervención armada al Golfo. Se trata de una escuadrilla de seis cazas F-16 para participar en la guerra de Yemen, encuadrada en las filas de las fuerzas árabes dirigidas por Arabia Saudí en contra de los rebeldes yemeníes huzis.

El paso dado por el monarca alauí es explicado en medios cercanos al Palacio Real por razones de coherencia política y diplomática, y en defensa de los intereses económicos, financieros y religiosos del Reino.

Las razones para intervenir en Yemen son de peso. En primer lugar, porque Marruecos es miembro invitado y, al mismo tiempo, integrante del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) formado por las seis monarquías árabes de la región (Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait, Catar, Bahréin y Omán).

Todos ellos firmaron un “pacto de defensa común”, similar al existente en la OTAN, por el que acuden en defensa de uno de los miembros “agredido o en peligro de serlo”. Es un pacto multilateral. Arabia Saudí esgrimió esta cláusula por temor a que la rebelión huzí en Yemen afectase su integridad territorial y se extendiese al territorio saudí.

En segundo lugar, Marruecos mantiene “acuerdos de defensa bilaterales” tanto con Arabia Saudí (desde 1982) como con los Emiratos Árabes Unidos (desde 2006) que le obligan a intervenir. El reino alauí es consciente de que la inestabilidad en el Golfo afecta a sus propios intereses.

En tercer lugar, por coherencia geopolítica. Marruecos interviene cada vez más en los conflictos que afectan a la región árabe, musulmana y africana. Participa en las negociaciones de paz en Libia y en Mali; lo ha hecho anteriormente en las crisis que afectan a países de África occidental y oriental, y en las de Oriente Medio, como Líbano, Iraq y Siria. Su papel mediador está llamado a aumentar, según los analistas geopolíticos y estratégicos.

En cuarto lugar, por convicción. Rabat aprobó el acuerdo alcanzado en la última cumbre de la Liga Árabe en marzo pasado para la formación de “una Fuerza militar árabe común”, capaz de intervenir a petición de uno de sus miembros afectado “en su seguridad nacional o atacado por grupos terroristas”.

En quinto lugar, por interés religioso. Marruecos rompió relaciones con Irán, que sostiene a la rebelión huzí yemení, en 2009 acusando a Teherán de injerencia en sus asuntos internos. En efecto, los incipientes grupos chiíes que se formaron en el país recibieron un apoyo abierto e inesperado por parte de las autoridades religiosas iraníes, poniendo en entredicho uno de los pilares esenciales del Reino marroquí: su unidad religiosa en torno al rey como “Emir de los Creyentes”.

Finalmente, pero no por ello menos importante, por interés económico-financiero. Una crisis en el Golfo provocaría el encarecimiento brusco de los precios del petróleo, que afectaría a la economía de Marruecos dependiente al cien por cien de las importaciones de crudo.

La intervención en la guerra de Yemen viene también determinada porque los países del CCG, si tienen que combatir por sí mismos, se verían abocados a aumentar considerablemente sus presupuestos de defensa y seguridad, disminuyendo en consecuencia sus inversiones exteriores, que en el caso de Marruecos son claves.

Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos son los principales proveedores de fondos para los grandes proyectos de desarrollo marroquíes, además de procurar ingentes “fondos de solidaridad” para paliar los déficits sociales. Según el Informe publicado por el FMI sobre la ayuda exterior saudí, Marruecos se sitúa en séptimo lugar con un monto de unos 500 millones de dólares en el último trienio. La ayuda real es superior a esta cifra.

Con todo, los fondos más cuantiosos provienen del Consejo de Cooperación del Golfo, que como entidad supranacional acordó en 2012 financiar proyectos de desarrollo en Marruecos por valor de 5.000 millones de dólares, de los cuales una parte ya ha sido invertida.

En el plano estrictamente militar, Las FAR tienen la ocasión de experimentar en el teatro de operaciones del Golfo sus más modernos aviones de combate, lo que les proporciona un plus en su formación, adiestramiento y coordinación logística con los otros Ejércitos aliados en un escenario de guerra real.
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